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Canonización de la Beata Isabel de la Trinidad

santos_basilicaEl papa Francisco ha canonizado a nuestra hermana Isabel de la Trinidad, una de las religiosas con más atracción en el seno de la Orden carmelitana, fruto de su profunda espiritualidad y dedicación a los demás, una joven monja carmelita descalza conocida por su honda y arraigada devoción a la Santísima Trinidad.

Isabel de la Trinidad nació en Francia en 1880 y murió en 1906 a causa de la enfermedad de Addison; tan solo cinco años después de haber entrado en el Carmelo de Dijon, ubicado en el este del país. Fue declarada beata por San Juan Pablo II en 1984.

La Congregación para las Causas de los Santos aprobó el pasado 3 de marzo el segundo milagro que ha permitido la canonización de nuestra hermana, la Beata Isabel. Se trata de la curación milagrosa de Mary-Paul Stevens, una belga que sufría del síndrome Sjögren.

Breve Biografía

Una mañana del 18 de Julio de 1880 nace en un campo militar de Avor, cerca de Bourges (Francia). Su familia está inquieta porque los médicos han dicho que el bebé no podrá salvar su vida. María Rolland, su mamá, espera su primera hija. Todos rezan y se ofrecen misas por la nueva criatura. En contra de todos los pronósticos la niña llega a este mundo “muy hermosa y vivaracha”. Cuatro días después, el 22 de julio, es bautizada con el nombre de Isabel Josefina.Isabel Catez

La señora Catez se ha dado cuenta del talento musical de su hija. La inscribe en el Conservatorio a los siete años. Isabel pasa muchas horas en el piano. No va a la escuela porque las instituciones del estado son demasiado laicas, en cambio recibirá la formación más elemental en casa.

El 19 de abril de 1891 recibe la Primera Comunión. Sus cartas nos revelan la experiencia de ser amada y darse. “Este gran día nos hemos dado por completo el uno al otro” (C 178). Gozo, alegría, saciedad, plenitud, belleza, música interior… son las realidades que siente en su corazón.isabel-al-piano

También los santos tienen vacaciones. Estamos en el verano de 1894, las Catez marchan a Carlipa, allí visitan a sus tías. Isabel siempre recodará el espectáculo cósmico de los Pirineos: ”¿Te acuerdas de nuestros paseos por la sierra durante la noche, a la luz de la luna, mientras escuchábamos las alegres campanadas? ¡Oh, tía, qué bello estaba el valle a la luz de las estrellas, esa inmensidad, ese infinito, todo me hablaba de Dios” (C 139).

Así era Isabel humana y divina, centrada en el interior y viviendo las alegrías de la vida. Con frecuencia participaba en veladas y bailes que organizaban las familias militares. En estos lugares la joven Isabel quiere ser como el sol que irradia su luz.

El 2 de agosto de 1901 entra en el Carmelo. Una vida dedicada por entero a la oración. Una comunidad de hermanas que viven el ideal de santa Teresa de Jesús. Una sencillez en el uso de las cosas y en el trato con las personas. Un ideal apostólico que amplía sus horizontes al mundo entero. El Epistolario refleja de una forma maravillosa sus primeras impresiones. “No encuentro palabras para expresar mi dicha”, “aquí ya no hay nada, sólo Él… Se le encuentra en todas partes, lo mismo en la colada que en la oración” (C 91).

El 11 de enero de 1903, domingo y fiesta de la Epifanía, ante la comunidad carmelitana de Dijon, Isabel pronuncia sus votos religiosos. Se siente invadida por Dios, por su abundante gracia, un derroche.

Sus experiencias religiosas son alimentadas por sus lecturas. El Nuevo Testamento tiene un lugar privilegiado en su mundo espiritual, muy especialmente las cartas de san Pablo, a quien llamará “padre de su alma”. Las páginas de san Juan de la Cruz han ejercido una influencia considerable en el camino de la unión con Dios.Isabel de la Trinidad

El año 1904 es muy significativo. El 21 de noviembre Isabel lo pasa ante el Santísimo. Por la noche redacta una oración, que es expresión de su entrega al Dios Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dice así:

“¡Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayudadme a olvidarme enteramente de mí para establecerme en Vos, inmóvil y tranquila, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de vos, ¡mi Inmutable!, sino que cada minuto me haga penetrar más en la profundidad de vuestro misterio. Pacificad mi alma, haced de ella vuestro cielo, vuestra morada amada y el lugar de vuestro reposo. Que no os deje allí jamás solo, sino que esté allí toda entera, completamente despierta en mi fe, en adoración total, completamente entregada a vuestra acción creadora”.

Ella ha descubierto su vocación en la Iglesia: ser para Dios “una alabanza de gloria” (Ef 1,6). Hasta tal punto que esta mística francesa lo toma como un nombre simbólico, Laudem gloriae, “Alabanza de gloria”.

Los días 7 y 8 de noviembre está en silencio. Las últimas palabras que le oyeron sus hermanas de comunidad fueron: “Voy a la Luz, al Amor, a la Vida”. En el amanecer del 9 de noviembre de 1906, deja de respirar, la ciudad de Dijon está tranquila. Las que estaban allí presentes se dan cuenta que Isabel ha emprendido el viaje a la Trinidad que tanto amó en la tierra y como un profeta nos llama a cada uno a disfrutar de su Presencia en lo cotidiano de la vida.

 

El milagro para su canonización

El milagro obrado por Dios por la intercesión de la beata Isabel de la Trinidad fue la sanación de la señorita Marie-Paul Stevens, profesora de religión en el Instituto de los Hermanos Maristas de Malmedy (Bélgica).

Marie-Paul en el mes de mayo de 1997 comenzó a experimentar dificultad para articular las palabras y problemas en la salivación. Unas semanas después, una amiga doctora en medicina le aconsejó realizarse algunos exámenes clínicos.   Se entera, entonces, de que ha contraído la enfermedad de Sjögren que gradualmente golpea el organismo.  Durante la enfermedIsabel enfermaad, muchas personas hicieron la novena a Sor Isabel de la Trinidad pidiendo su sanación. Por sugerencia de distintos médicos, inició la quimioterapia de la que no obtuvo ningún resultado. La situación empeoraba y se temía la muerte. Por eso, decidió viajar a Flavignerot para agradecer a Sor Isabel el haberla sostenido durante el tiempo de la enfermedad. El 2 de abril de 2002, después de haber orado en la capilla del Carmelo y haber agradecido a Sor Isabel, se sentó en una pequeña piedra del parque del monasterio. De repente y ante el asombro de dos amigos que la acompañaban, se levantó y con las manos hacia el cielo, exclamó llena de alegría: “¡No tengo ningún mal!”  Desde ese día, retomó su vida habitual.

El viernes 4 de marzo de 2016 el Papa Francisco autorizó la promulgación del decreto mediante el cual se reconoce este milagro. El nombre de Isabel de la Trinidad ha sido incluido en el canon de los santos de la Iglesia.

ORACIÓN
Oh Dios, rico en misericordia,
que descubriste a la Beata
Isabel de la Trinidad
el misterio de tu presencia secreta
en el alma del justo
e hiciste de ella
una adoradora en espíritu y verdad,
concédenos, por su intercesión,
que también nosotros,
permaneciendo en el amor de Cristo,
merezcamos ser transformados
en templos del Espíritu Santo de amor,
para alabanza de tu gloria.

Por Cristo nuestro Señor.
Amén